sábado, 12 de febrero de 2011

No sé si sabes...

Que te has convertido en una de mis tantas adicciones, que me muero de mono si no estas, que eres uno de esos vicios inconfesables. Que estaba equivocada pensando, que no era para tanto, que si quería podía aguantar un par de días sin verte, sin sentirte y sin oír tu voz. Pero se me hace imposible no pensar en ti, a cada momento que pasa. Me despierto y quiero verte, con eso me basta... bueno, con eso, y con uno de tus besos mañaneros y tus: "¿Qué tal, txiki?" típicos que me dices, casi siempre, con medio desayuno en la boca, haciéndote ese bulto tan gracioso en el moflete, y con el sueño colgándote todavía de las pestañas. Después, tengo que esperar hasta las 11:15 para volver a verte, a no ser que tu horario coincida con mi piso, y aparezcas en los pasillos entre clase y clase... Entonces si que te veo, te miro, y espero a que nuestras miradas se crucen para lanzarte una sonrisa, y decirte sin mediar palabra," ¡Qué alegría verte por aquí!". Como de costumbre o el uno o el otro se acerca y te quedas un instante a mi lado, lo suficiente para darme una sutil caricia. Y a continuación cada uno sigue con sus asuntos. Yo, me dirijo a mi respectivo sitio, pero no sin antes haberte hecho un leve "Hasta luego" con la mano, pues tú sabes que nunca me agrada decir"Adios" a nadie, dado que mi teoría es que siempre nos volveremos a encontrar en algún punto de la extensa vida. Me siento en mi mesa, y se me escapa una sonrisa, al recordar la tuya....
Por fin llega la hora aguardada, que todo el mundo desea. Como siempre las chicas nos sentamos en las escaleras, y como no, tú apareces por detrás diciendo con una voz muy propia, una de las frases que acostumbran a arrancan un suspiro de alivio cuando nos damos cuenta que eres tú, y no otras personas indeseables en ese momento. Me encanta cuando nos gastas esa broma, y cuando te quedas por ahí cerca deambulando, dándome a entender que estas aquí. Cuando ya el culo se ha quedado carpeta, dicho rápido y mal, me pongo en pie. Te me acercas y apoyo la cabeza en tu hombro, mientras tú me coges de la cintura. Así, me siento feliz. Todos tus pequeños detalles, son los que alimentan mi día a día, los que me hacen ver que estas ahí, aunque no te tenga cerca. Los que me hacen sentir segura, los que me convierten en una persona alegre, mas feliz. Que sin esas dosis de felicidad que me das, no lograría ser yo. Porque contigo soy risueña , contigo me siento libre de preocupaciones, contigo y solo contigo logro quitarme todo complejo. Eres como ya he dicho anteriormente una droga de la que nunca podría carecer, pues aunque yo quisiera siempre quedarían las secuelas y los restos de amor en mi cuerpo... pero sobretodo en mi corazón.

2 comentarios:

  1. Me gusta tu forma de escribir ;D
    Pasate: eldeseodelcorazon.blogspot.com

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  2. Muchas gracias enseguida me paso!:)

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